Despertar la mujer que eres

A medida que me sumerjo en conocerme como mujer, observo cómo más allá de todo lo que he ido aprendiendo, indagando, tomando consciencia y reparando en terapia sobre el carácter, la neurosis, la coraza… ocurre algo igual de profundo y condicionante que es el hecho de ser mujer en una sociedad enmarcada por el sistema patriarcal. En el proceso no me dejo de sorprender, conmover y apasionar.

Me voy dando cuenta de que una importante parte de mi dolor está relacionado con el lastre cultural que de manera inconsciente conllevo y tengo incorporado por el sólo hecho de haber nacido mujer; cómo en mi herencia genética y cultural está impresa la historia contada y la no contada. De repente, poner luz a esta dimensión de mí que ha permanecido en la sombra durante toda mi vida, está siendo revelador. Por un lado voy tomando consciencia de los corsés que me constriñen y por otro, estoy volviendo a conectar y reconocer la gran sabiduría, potencial y placer que alberga mi naturaleza.

Me pregunto cómo hubiera sido mi vida si mi familia, escuela y medio envolvente en el que me crié y desarrollé me hubiera invitado a seguir mi instinto de curiosear y experimentar con mi cuerpo, me hubieran transmitido que este es perfecto tal como es y no le falta nada, que precisamente es el que me indica lo que me hace bien y lo que no, que funciona en una unidad con mi mente, que las emociones e instintos son bienvenidos, que el placer es fuente de salud, que mi útero y mi vagina son lugares sagrados a cuidar y respetar, que no hace falta negarme para ser amada, que puedo decir “no” y poner límites, que el sexo va muchísimo más allá del coito, que es liberador hablar de lo que me pasa y preguntar las dudas que tengo, que soy distinta del hombre pero no inferior (ni superior), que mi cuerpo es cíclico como la naturaleza y cada fase tiene un gran potencial que es un regalo para mí y el mundo, que yo no tengo que satisfacer a nadie sino estar conectada conmigo misma y desde ahí compartirme y disfrutar con otra persona, que estar con otras mujeres no implica competir ni compararme sino aprender, nutrirme, crecer, amar y sanar.

Cómo hubiera sido mi vida si en vez de vivir mi sexualidad de mujer bajo el yugo de la ocultación y el pecado, hubiera compartido y celebrado mi primera menstruación, hubiera sido natural hablar de y experimentar abiertamente el vínculo sexual conmigo misma y con otras personas, me hubieran contado todo lo que puede llegar a experimentar mi cuerpo, me hubieran acompañado al tránsito de dejar de ser niña y pasar a ser joven y luego mujer adulta.

Cómo hubiera sido sin la represión sexual que el patriarcado ejerce tanto en mujeres como en hombres sobre el cuerpo, el alma y la psique.

Seguramente sería mucho más libre, espontánea, equilibrada, tendría herramientas para gestionar mi salud mental, emocional, física y espiritual. Sería capaz de escuchar mi cuerpo, mi necesidad, mi verdad. Me relacionaría sin tabús, expresando con naturalidad mi sexualidad y mi esencia. Probablemente viviría mucho más conectada al deseo, al placer, a la ternura, al cuidado, a la vida y podría ofrecer lo mismo al mundo.

Me alegra saber que no me lamento por lo que podría haber sido, porque sé que tengo la capacidad a partir de aquí y ahora, de que esto sea posible. No niego que mis heridas están, mi estructura caracterial está, mi inconsciente programado de creencias limitantes también está y la sociedad sigue presionando para mantener el orden establecido. Pero mi cuerpo no ha olvidado lo que centenares de generaciones anteriores fue. Algo va cambiando en mi interior cada día con más fuerza a medida que me conozco como mujer. A medida que muevo y conecto con mi útero, a medida que conozco y siento mi cuerpo, a medida que redefino mi feminidad, a medida que observo cómo me transformo toda yo en cada fase del ciclo menstrual, a medida que expreso y comunico lo que necesito y deseo, a medida que comparto con mujeres incondicionalmente dispuestas a contarme sus experiencias, a medida que me permito sentir placer, a medida que conozco los arquetipos que me habitan, a medida que leo y comprendo la historia que me precede, a medida que renazco a mi esencia, a medida que afirmo que SOY MUJER, habito mi cuerpo, lo celebro y me responsabilizo de ello.

Imatge Frida                                                                      Frida Kahlo

Este artículo, más allá de una reflexión, pretende ser una invitación, incluso una provocación para que tú también DESPIERTES A LA MUJER QUE ERES. Si algo de lo que comparto te suena y/o tu cuerpo te manda alguna señal ya sea de excitación o de dolor, quizás sea un buen momento para aventurarte. Es mi deseo como mujer y terapeuta, compartir y acompañar a otras en este maravilloso camino.

La Dra. Christiane Northroup dice que “el proceso de sanación pasa por afirmar que somos seres preciosos y amables (dignas de ser amadas) permitiéndonos al mismo tiempo sentir el viejo dolor no sanado”. Creo que conocernos y sanarnos como mujeres no sólo significa un regalo para nosotras mismas sino para las próximas generaciones y para los hombres que nos acompañan.

 

“Los seres humanos no nacen para siempre

el día que sus madres los alumbran,

sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.”

 Gabriel García Márquez

 

Aina Cortès – Enero 2015

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