“Cuando a una mujer le dan un diagnóstico, su sexualidad cambia inmediatamente”

Esta frase se la escuché decir al reconocido ginecólogo Dr. Damian Dexeus en una charla que ofreció sobre sexualidad en Espai TCI Barcelona el año pasado. Cuando escuché esas palabras, se me humedecieron los ojos y sentí un alivio en mi interior. Mi cuerpo se relajaba. Por fin alguien ponía nombre a lo que a mí me estaba ocurriendo des de hacía ya más de 3 años y no alcanzaba comprender.

Sí, “cuando a una mujer nos dan un diagnóstico de alguna dolencia ginecológica, nuestra sexualidad cambia inmediatamente”. En mi caso, a los 31 años me diagnosticaron un VPH (Virus del Papiloma Humano) con lesión CIN1-2 en el cuello del útero. No es mi intención detallar la información sobre este virus; tengo mucha y además varia es contradictoria, confusa y dudosa. Sí diré que es un virus que actualmente nos está afectando a más del 80% de la población femenina que, en muchos casos el propio sistema inmunitario resuelve, pero en varias mujeres, miles, se complican las cosas como fue mi caso.

A partir de ese diagnóstico, efectivamente mi sexualidad cambió. Fui informándome, hablando con otras mujeres, asombrándome de la desinformación y las contradicciones acerca de este virus y me fui cerrando. No quería transmitir el virus a nadie ni ser recontagiada con otras cepas. Sentía miedo, enfado, desamparo, tristeza. Dejé de tener relaciones sexuales con otras personas, fui apagando mi deseo sexual, empecé a sentir que algo malo estaba en mi cuerpo, hasta me di cuenta que desarrollé la idea loca de que “el sexo es peligroso”.

Pasé por una primera intervención quirúrgica en la que me cerré aún más. Después de pruebas desagradables, tratamientos… mi vagina se fue tensando para protegerse. Me fui desconectando de mi sexo. Conocí a hombres que me atraían, no me faltaron ganas de compartir sexo con ellos, pero cerré puertas: “aquí no entra nadie más”. Y así fue durante unos 2 años. Después conocí mi actual compañero que muy empáticamente accedió a hacerse todo tipo de pruebas antes de vincularnos sexualmente y más pacientemente aún, ha estado mucho tiempo respetando mi cierre, hipodeseo, miedo y rechazo al sexo. También gané muchos kilos, por ahí también estaba la idea de “mejor no ser deseable porque hay más riesgos de contagios”. ¿Loco verdad? Pues ideas de estas y muchas más pasaron por mi cabeza todo este tiempo.

Hace unos 6 meses, después de una segunda intervención quirúrgica, de mucho proceso terapéutico, cambio de alimentación, haber constelado, biodescodificado, meditado, hecho rituales, haberme vacunado, un buen tiempo de desonstrucción, tomar decisiones importantes y haber hecho el pino puente en busca de una sanación física, mi ginecóloga me llamó para decirme que estaba curada del todo. Hoy aun lo celebro y mi relación con mi sexo puedo decir que está renaciendo. Lentamente, a mi ritmo y redespertando.

Más allá de mi caso, somos muchas mujeres las que atravesamos dolencias ginecológicas (VPH, miomas, endometriosis, obstrucción de trompas, dificultad para quedarnos embarazadas, menopausias precoces, dolores menstruales terroríficos, candidiasis crónica, SOP, y un larga lista). Como ya he expresado en algún otro artículo, tanta sintomatología me invita a pensar que es una llamada de atención de nuestro sexo alertándonos de que de una vez por todas, revisemos nuestra sexualidad y aprendamos a vivirnos dignas, merecedoras, llenas, con placer, libertad y nos empoderemos de nuestro verdadero ser, fuerza, valía, necesidades, gozo, útero, … Y sí, mientras estamos en ello, puede llegar a ser muy duro.

Creo que hay poco reconocimiento a lo que nos ocurre. Muchas lo vivimos en silencio, seguimos teniendo relaciones sexuales aunque nos duela hasta en el alma para no perder la relación o porque lo normalizamos y esto es así y punto. Hay poca sensibilización de la comunidad médica al respecto (me estremezco con lo que me cuentan varias mujeres que acompaño acerca de lo que les dicen sus ginecólogxs) y poca sensibilización social. Es algo oculto, como la sexualidad. Es algo de lo que no se habla, es algo “feo” que se debe esconder. Yo misma siento incomodidad al publicar mi caso en este artículo porque esa vergüenza está introyectada en mí.

Cuando nos dan un diagnóstico, tenemos todo el derecho a querer negarlo, a estar confusas, enfadarnos, desesperarnos, buscar segundas y terceras opiniones. Como reacción puede ser que lo ignoremos en un inocente intento de hacer que desaparezca y mi vida siga igual. Es natural que nos cerremos o por lo contrario nos hipersexualicemos, que nos castiguemos, que busquemos culpables, que nos desconectemos de nuestro sexo, que sintamos un vacío, que nos preguntemos una y otra vez: ¿y ahora qué? O ¿por qué yo?

Ante un diagnóstico, sí, nuestra sexualidad cambia inmediatamente y creo necesario que lo entendamos para podernos acompañar de la forma más amable y saludable.

Te comparto lo que a mi me ha servido, aunque sé que tu camino, lo andarás tu a tu manera, contigo misma aprendiendo a cada paso. Ello es lo que más fortaleza, sabiduría y amor a ti misma te va a aportar. Me sirvió:

  • Mirarlo de cara, no negarlo.
  • Abrirme, aunque con miedo, a indagar en la sexualidad femenina. Traspasar la incomodidad aprendida y re-conocer mi cuerpo de mujer.
  • Hablar de ello con otras mujeres, tuvieran o no mi misma dolencia.
  • Respetar mi ritmo, mi cierre, mi tiempo de poner límites aunque fueran paredes muy gruesas.
  • Dejarme acompañar por terapeutas, terapias, rituales, círculos de mujeres… Pedir ayuda.
  • Crear un proyecto usando la enfermedad como motor, como camino. Convirtiendo el dolor en material para compartir. El Proyecto “COSdeDONA – Espais de Sexualitat Femenina” es el resultado de ello donde ofrezco terapia individual y talleres de varios formatos.
  • Conectar con la naturaleza, comprender sus ciclos, su ritmo, su tiempo que no se pueden forzar los procesos.
  • Comprender y rendirme a que controlo muy pocas cosas de mi vida aunque me empeñe en lo contrario.
  • Acogerme a mi misma con lo que hay acompañándome des de un automaternaje amoroso, amable, delicado y paciente.
  • El apoyo de un compañero que ha estado ahí sosteniendo todo lo que se le movía con mi cierre e hipodeseo, respetándome por encima de todo, mostrándome también su desesperación y enfado, acompañándome en todo el proceso, acogiendo mi situación sin empujar. Gracias, amor.

Especialmente a todas las que estáis en algún proceso de este tipo, no os resignéis. Hay muchas formas de abordar cada síntoma y somos muchas las dispuestas a acompañarnos en ello. Pide apoyo, al menos no te lo tragues en soledad.

Con mucho amor, Aina Cortès

Proyecto COSdeDONA – Espais de sexualitat femenina

ainacortes.wordpress.com

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