La mujer integrada

Hace unos años, empecé a enfocar mi trabajo terapéutico hacia las mujeres a través del proyecto COSdeDONA (Espacios de sexualidad femenina). Todo empezó con mi necesitad vital de recomponerme después de varias relaciones de pareja tóxicas en las que yo me colocaba en un lugar perfecto para ser dañada. Tenía la autoestima bajo tierra y sabía bien poco acerca de mí y menos de mi “ser mujer”. Empecé la formación en TCI y terapia individual donde recuperé mi cuerpo y retejí mi autoestima. En un taller de Sexualidad tuve una visión que 4 años después aún estoy descodificando. Esa visión me mostraba la esencia de lo que después ha sido mi trabajo. Empecé a crear espacios para mujeres pero de vez en cuando, me voy preguntado: Realmente ¿qué es lo que hago? Doy talleres, charlas, llevo grupos, terapias individuales… pero de fondo ¿qué es lo que lo mueve todo? Hoy, como un mensaje traído del más allá a través de mi compañero, comprendí.

A lo largo de miles de años de Sistema Patriarcal, la humanidad perdió el vínculo con su más profunda naturaleza y esencia. Eso ocurrió tanto en mujeres como en hombres, pero como suelo hacer en mis artículos, me centraré en hablar de las mujeres incluyendo las personas que se sienten mujeres tengan o no sexo femenino.

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Como decía, olvidamos nuestra más íntima esencia, elementos que van mucho más allá del género. Se dio un corte profundo y traumático. En una cultura donde las relaciones han sido y siguen siendo desiguales lo femenino quedó desplazado, el cuerpo se convirtió en carne y pecado, lo emocional en algo que desorienta e inutiliza, lo mental se ensalzó hasta lo divino y se separó del cuerpo. En una cultura androcentrista se adjudicó hombre=mente, mujer=carne. El hombre puede ser divino, la mujer no. El cuerpo de la mujer y todo lo que venga de él deja de ser sagrado, la sexualidad deja de ser divinizada y se relega a un terreno carnal, pecaminoso y sucio. La intuición y sabidurías ancestrales fueron condenadas y borradas del mapa. La naturaleza de la mujer fue sentenciada, así que por supervivencia, tuvimos que desconectar. ¿Cómo sino sobrevivir en una incoherencia, invalidación, persecución y humillación constantes?

Pasamos miles de años así pero ya hace tiempo que las reglas del juego están cambiando.

Es momento de que la mujer integre sus partes heridas con el fin de sanar su SER completo/integrado y su psique (alma) femenina.

Muchas mujeres nos sentimos o hemos sentido que nos falta algo muy importante y no sabemos de qué se trata. Hablo de un sentimiento de vacío, de no merecimiento, culpa, vergüenza, insatisfacción, falta de sentido, desorientación… Lo buscamos desesperadamente afuera en la pareja, la maternidad, la cirugía, el éxito profesional, el consumo, las dietas, multitud de terapias, el sexo, la rebeldía, la competitividad entre nosotras, etc. y en muchas ocasiones el vacío persiste. No hay satisfacción, seguimos sintiendo que algo en nosotras no está bien y tenemos que ser distintas (más listas, más guapas, más altas, con más tetas, menos culo, más eficientes, mejores mamás, menos deseantes, más calladitas, más objetos, gritar más fuerte, parecernos más a, luchar contra, etc.) Buscamos algo/alguien que llene y alivie de una vez por todas el sufrimiento que aparentemente conlleva “ser mujer”.

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Des de mi entendimiento y experiencia … no va por ahí. Se trata de ir hacia adentro y re-conocer nuestra naturaleza femenina que seguro no encaja con el zapato patriarcal.

Esto significa rehabitar nuestro cuerpo desde la vivencia sensorial y permitir que se expresen sus procesos naturales.

Significa recordar que tenemos un útero, un centro vital y sexual muy poderoso que cuando lo reincorporamos en nuestras vidas y lo relajamos, podemos nutrirnos de su gran potencial ( y ¡que se prepare el mundo!).

Significa recordar que somos personas cíclicas, como la vida misma, y al ir a favor de nuestra naturaleza, nuestra vida se ve notablemente enriquecida.

Significa volver a confiar en nuestra intuición y si nos equivocamos, nos levantamos de nuevo. Significa recordar que nuestro estado natural es el del placer y no tiene nada que ver con el cuento del pecado impuesto por la iglesia.

Significa recordar que el cuerpo es un ser vivo cambiante, curvilíneo y que tiene sus etapas (infancia, adolescencia – menarquía, adultez –etapa cíclica, maternidad si la hay, menopausia y madurez).

Significa celebrar que tenemos un cuerpo, sea como sea, y a través de él podemos experimentar la vida aquí en la Tierra. S

ignifica comprender que la fuerza es uno de nuestros poderes y en ella hay amor, límites y dignidad.

Significa recuperar el equilibrio entre el principio femenino y masculino en nuestro interior. Significa perdonarnos por ser fuertes, bellas y brillantes. Significa hacernos cargo de la mujer poderosa que somos. Significa darnos cuenta de que juntas, somos geniales.

Significa darle espacio a nuestra naturaleza creadora de vida, proyectos, bienestar, belleza, espacios…

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Quedaron muchas piezas de nuestro ser desmembradas, perdidas bajo leyes, creencias y opiniones misógenas. Durante miles de años, antes de la llegada del patriarcado, el cuerpo de la mujer era venerado; a través de él llegaba la vida, de la misma manera que hay vida en la Tierra gracias a su cuerpo- planeta. En los clanes matrifocales, la matriz y la vida eran el foco, el centro, lo más preciado. En el sistema patriarcal el foco es el capital vaya a favor o en contra de la vida.

Necesitamos rescatar esta sabiduría olvidada. No es tan difícil, simplemente hay que abrirse a escuchar de nuevo lo negado hasta ahora. No es tu culpa, es la herencia de miles de años de desconexión. Nadie te enseñó a honrar tu cuerpo porque hace generaciones que se dio el corte. Ahora puedes tomar otro rumbo, es momento de renacer a la conciencia integrada del tesoro que hay dentro de ti.

Cuando una mujer rehabita su propia naturaleza, ya nunca más está sola, perdida, sumisa, desorientada, desvalida. Conecta con su más profunda esencia y sabiduría, su brújula interior, su amor más puro, su fuente de autonutrición, el placer de ser sí misma. A partir de allí, camina con paso firme y si duda o siente miedo, se permite dudar, temblar mientras cuenta consigo misma y cuenta con quienes le acompañan. Porque ser una mujer integrada no se trata de ser una mujer independiente (que no necesita a nadie más), sino interdependiente (que se apoya en otrxs y pide cuando sabe que no puede o no quiere hacerlo sola).

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Así que hoy comprendí que este es mi trabajo: acompaño a mujeres a re-conocer y re-conectar con su naturaleza, a rescatar y recomponer las piezas internas que la convierten en una mujer integrada, digna, completa, consciente de sí misma. Te invito a conocer las propuestas que hago en: Projecte COSdeDONA. Agradezco a mi compañero que me lo haya puesto delante y este gesto me recuerda también, que hay muchos hombres dispuestos a apoyarnos en este camino y que también están atreviéndose a hacer su cruzada interior para sanar sus heridas.

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Aina Cortès. Proyecto COSdeDONA

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